Deficiencias en sistema frenan trasplantes de órganos, alertan
Sandra tiene 27 años y necesita un riñón, pero su mamá calcula que éste no llegará antes de 10 años
Nacionales
- 2011-04-25
El número clave para la vida de Sandra es el 840, porque es el lugar que ocupa actualmente dentro del Registro Nacional de Trasplantes. Tiene 27 años, es derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y necesita un riñón. Pero su mamá calcula que para que le toque un trasplante pueden pasar 10 años.
Las listas que se publican a lo largo del año le muestran que en lugar de avanzar es más posible que retroceda. Y no está muy equivocada. En México, de acuerdo a cifras oficiales, hay una “lista de espera” de 14 mil 755 mexicanos, candidatos a un trasplante; de éstos, siete mil 649 esperan un riñón; seis mil 999 una córnea; 346 un hígado y 42 un corazón.
Pero lo grave, reconocen autoridades de salud, es que la lista tiende a crecer 10% al año.
Aunque eso no es lo peor. En opinión de Heladio Verver, secretario de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, uno de los principales problemas que enfrenta el país es que las personas que no cuentan con atención del sector salud, que no están afiliadas a instituciones como el IMSS o el ISSSTE, casi no tienen posibilidades de recibir un trasplante.
Para evitar esta situación, que el diputado considera inequitativa porque deja desprotegida a la población más pobre, presentó una iniciativa de ley que plantea crear un sistema único de asignación automatizada de trasplantes, que garantice el otorgamiento transparente, objetivo, equitatativo y oportuno de quienes necesitan de un órgano o tejido para salvar su vida; “lo que dará un mayor orden a la famosa lista de espera que tiene nombres y apellidos”.
Además, el perredista propone que los trasplantes más comunes como el del riñón, córnea e hígado, así como los inmunosupresores que evitan que el órgano trasplantado sea rechazo por el organismo, los cubra el Seguro Popular a través del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos.
“Hay historias de personas que están en listas de espera en un estado que pasan años y no avanzan en su número de registro, o aquéllas que ya les toca su turno, que les hablan y cuando llegan al hospital resulta que otra persona ya fue trasplantada, porque era conocido o venía de un programa privado”, destaca.
Eso, afirma, es lo que está sucediendo y no se puede hablar de donaciones de órganos basados en esto. Por ello, dice, se ha propuesto crear un subsistema nacional de donación de trasplantes, donde la intención es que todas las instituciones de salud trabajen para la gente que requiere de la donación de un órgano sin importar si son derechohabientes o no de una institución del sector salud.
Diferencia de opiniones
Pero su propuesta no la comparte el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), de la Secretaría de Salud. Considera que no es viable porque la asignación de un órgano o tejido no se basa en una “lista de espera”, sino en la gravedad del paciente y porque exista compatibilidad al órgano o tejido donado.
Sostiene que lo que se tiene que solucionar son otros problemas, como el hecho de que algunos estados, principalmente del centro y sur del país, no invierten recursos para fortalecer sus programas de donación, procuración y trasplante de órganos para atender a su gente.
Como sea, la realidad es que en medio de este debate se encuentran pacientes como Sandra, quien se desespera al ver que la lista en donde se encuentra en el Centro Médico de Occidente del IMSS, en Jalisco, avanza muy lento, a diferencia de su enfermedad, que cada día la agota, porque requiere de la donación de un riñón que le devuelva la vida que llevaba antes de enfermarse, cuando trabajaba en una guardería como asistente de educadora.
“No tienen fin estas listas de espera y la donación es baja. A los últimos que se inscribieron les tocó el número mil 500. Desgraciadamente algunos pacientes no alcanzan a llegar y mueren anhelando un órgano”, comenta Guillermina Rosales, madre de Sandra, quien dice que en el hospital donde es atendida su hija sólo tres veces al año se colocan las listas con los nombres de las personas que serán trasplantadas, y sólo se recorre como 60 lugares.
Ni ella ni su hijo pudieron donarle uno de sus riñones a Sandra, porque no son compatibles al grupo sanguíneo de ella, que es O Positivo, el más común entre las personas que requieren de un trasplante de riñón.
Reglas de asignación
Para Arturo Dib Kuri, fundador y director del Centro Nacional de Trasplantes, un sistema computacional jamás podrá elegir de manera automatizada a la persona que le toca determinado órgano, pues esta actividad la definen los médicos que tratan a los enfermos. “Si al paciente que se le asigna un órgano no está listo y no es aceptado por los médicos, éste se le tendrá que dar a otra persona que esté lista y sea compatible al órgano, por características biológicas, peso, tamaño, talla u oportunidad”.
Aclara que no hay un orden en los pacientes que se encuentran inscritos en la base de datos del Cenatra, mejor conocida como la “lista de espera”, para ser trasplantados, pues la finalidad es tener un registro; aunque, dice: “lo importante también es el tiempo de antigüedad”.
Dib Kuri —quien fundó el Registro Nacional de Trasplantes en 1987— reconoce que si bien el actual programa de procuración, donación y trasplantes obliga a los estados a trabajar, hay entidades muy productivas y otras cero productivas. En el caso de Morelos, Nayarit, Tlaxcala, Chiapas, Oaxaca y Tamaulipas están comenzando con sus programas de trasplantes, por lo que tienen poca actividad.
Se busca, asegura, que los estados del centro y sur del país incrementen su actividad.
Admite que hay estados que no hacen esta labor de procuración de órganos y sólo están esperando que se los pase el IMSS (que tiene 60% de los pacientes que están inscritos en la “lista de espera” y que realiza 70% de los trasplantes del país), con un concepto localista.
“Hay estados que están con graves deficiencias, pero es responsabilidad de sus autoridades de salud estatales y de sus gobiernos el fortalecer los programas de procuración, donación y trasplantes de órganos y tejidos, porque la medicina está descentralizada y cada entidad tiene responsabilidad de sus programas”, sostiene.
Con una experiencia de más de 20 años en procuración, donación y trasplante de órganos, Enrique Rafael Esparza, jefe del servicio de Trasplantes IMSS-Monterrey, Nuevo León, y del ISSSTE para esta misma ciudad, reconoce que falta mucho por hacer en este tema, donde cada día crece el volumen de personas que requieren un órgano, ya sea riñón, córnea, corazón, hígado o huesos.
Dice que los estados del norte del país, como Nuevo León, Jalisco y San Luis Potosí, llevan liderazgo en la obtención de órganos, porque llevan muchos años en esto y han invertido recursos en infraestructura y capacitado a su personal.
Asegura que existen instituciones de salud que sus listas de espera de pacientes que requieren un trasplante no se mueven nada. Hay pacientes que tienen entre seis y siete años inscritos y no han avanzado ni un lugar, parece que están pintados y ahí depende de la institución. Por ejemplo, dice, Tamaulipas a pesar de ser vecino de Nuevo León, tiene cero trasplantes. El IMSS y los hospitales privados mueven más sus listas.
El ex presidente de la Sociedad Mexicana de Trasplantes ve difícil la iniciativa de que todos los estados trabajen de manera unificada —a través de un sistema automatizado de asignación de órganos— porque esto se presta a que unas instituciones trabajen más que otras.
Cada institución, aclara, tiene que desarrollar sus propios programas de donación de órganos y trasplantes, porque tienen una “lista de espera” de sus derechohabientes que requieren de un trasplante. “Los órganos no caen del cielo, hay que trabajar para procurarlos”, afirma.
“Yo trabajo en un hospital del IMSS donde se procuran muchos órganos, incluso ocupa el segundo lugar a nivel nacional en captación de órganos, es desgastante pedirlos a los familiares, y lo hacemos porque es nuestro trabajo, pero a lo mejor hacerlo para que ese órgano se vaya a Oaxaca y no se quedé en Nuevo León, como que no, porque allá en Oaxaca también cuentan con un programa de trasplantes”, argumenta.
Difícil traslado
Expone que uno de los problemas con que se enfrentan las instituciones es el traslado de los órganos de una entidad a otra. Esto dependerá de los recursos de cada institución, porque los costos pasan a la institución que recibe el órgano.
Sin embargo, pone como ejemplo las instituciones donde él trabaja, que están bien organizadas y se desplazan por todo el país, y lo mismo sucede en hospitales particulares; situación que no ocurre en los hospitales públicos estatales y federales, que tienen problemas para moverse por un órgano donado.
Para Enrique Esparza, a pesar de las dos reformas a la Ley General de Salud en materia de trasplantesque que se han hecho, una en el año 2000 y otra en 2009, “hemos sido poco productivos ante tantas necesidades y falta mucho para obtener más órganos, pues cada día se suman más pacientes en espera de ser trasplantados”.
Ese es el caso de Sandra, al realizarse una ecografía detectó que tenía sus riñones pequeños, en un año y medio su salud se ha deteriorado al grado de que hoy sobrevive gracias a una máquina a la que debe conectarse tres veces a la semana, durante cuatro horas por sesión, para depurar las toxinas que sus riñones ya no pueden desechar. Sus ilusiones están agotadas, pero su mamá no pierde la esperanza de que obtendrá un riñón y clama a las personas de buen corazón para que donen