En el mundo circense unos reciben la diversión sentados en el público y otros son los encargados de darla, como “Garabatito”, Eveseidy, Ronaldo y Rawi, todos menores de nueve años, quienes practican a diario para desarrollar sus habilidades y apoyar con su trabajo a la economía familiar
Nacionales
- 2011-04-30
¿Cuánto cuesta ese juguete?”, pregunta Harry Garabatito al señor de la tienda de la esquina —que conoce al payasito desde que nació.
“Ese coche te cuesta más o menos cinco de tus funciones”, le responde.
Y es entonces cuando el payaso más pequeño de México corre hacia su madre y le pide que le dé parte del ahorro que ya tiene en su alcancía de Hamm, el puerquito de Toy Story, juguete que guarda los tesoros y ahorros de este pequeño de apenas cuatro años, quien ya recibe un sueldo por el trabajo que desarrolla dentro del Circo de Los Payasos Garabatos.
El sueldo: 50 pesos por función, para este niño que aún mira la vida desde abajo por su estatura, pero que “se rifa” la vida como un gigante, según el abuelo. Sus padres, también payasos en el circo, administran el dinero de su hijo para que no se le desaparezca como por arte de magia.
La sesión de maquillaje, previa a las funciones, hace parte de la estricta disciplina. Si algo odia es que le pongan talco en el rostro, porque eso lo hace estornudar. “Acuérdate, Harry, que si no te pongo talco el maquillaje se te cae, se te esfuma”, dice su madre, la payasita Luwika, mientras explica que Garabatito, su único hijo, sólo se deja pintar el rostro si todos los utensilios para este fin son pequeños como él. La brocha chica para las chapas, los frascos de las sombras también tamaño miniatura.
Harry Garabatito, cuyo talento se puede apreciar en Youtube, pregunta a su madre si ya es hora de ir a trabajar: el término trabajo ya forma parte del su vocabulario infantil.
Talento familiar
Cuidado e instruido en la disciplina, Harry Sebastián Ramírez, nieto del payaso musical Garabato y La Payasa Pelusita, va a la escuela, y cuando está en el circo (dando funciones) las clases le son impartidas por una maestra de la Secreraría de Educación Pública, especialmente destinada para atender a los niños de este circo itinerante. En la familia, Harry no es el único niño, lo precede Joab Jafet, de nueve años, que es botarga, y el payaso Many Pollo de 11 años. Todos comenzaron muy pequeños a trabajar como un modo de desarrollar sus talentos, y contribuir así al bienestar de la familia.
Los jueves, los integrantes de familia salen a carretera para regresar a la capital hacia el domingo. Los trayectos son largos. Al llegar, dan una vuelta por el pueblo anunciando su espectáculo. Harry Garabatito y sus primos se asoman por una de las ventanas del carro motor-home y saludan. Desde muy pequeños aprendieron que el valor de la sonrisa puede ser incalculable.
Luego, la voz del abuelo, médico veterinario, y payaso desde que se acuerda, anuncia el comienzo de la función, y a Harry, tras bambalinas, al más pequeño de la dinastía, lo van vistiendo como Michel Jackson.
Silencio total en la carpa. El altoparlante anuncia su actuación, y ahora es “Billy Jean” el nombre de la canción que comienza a bailar el payaso Harry Garabatito, mientras su padre, el imitador oficial de Cepillín (y también médico veterinario por la UNAM), le recuerda los pasos que han ensayado diario desde hace más de un año.
Vida digna
El payaso Garabato asegura que su nieto Harry nació para el circo, para hacer reír, “los niños lo buscan, ellos siempre buscan al payaso ansiosos, expectantes”, y agrega:
“La vida circense no tiene por qué ser peyorativa. Para nosotros es una vida digna, en la que cada uno de los integrantes de nuestra familia se ha ganado cada moneda de manera honesta paseando por la cuerda floja, o entreteniendo con nuestra primeras ‘pulsadas’ (sostenerse sobre las manos).
“Los niños que comenzaron a trabajar desde temprana edad, como por lo general lo hacemos en el circo, se van haciendo hombres fuertes, individuos de trabajo, hombres disciplinados e independientes, quizás entre otras cosas porque sabemos que tenemos un compromiso, un número que representar y ante todo el show debe seguir, hasta lograr arrancar una expresión feliz en el rostro del público”, concluye.
Sano, cuidado por su familia, amado entre los suyos, expuesto a una vida de magia y desafíos, y de ese talento innato que lo hace brillar, este pequeño comparte y coincide con otros niños a la hora de procurar o dar diversión.
Legado circense
En el mundo circense unos reciben la diversión, sentados en el público, y otros son los encargados de ofrecerla, como lo hacen también los tres nietos del payaso Pipo, un hombre de 63 años de edad, que a través del circo dio sustento en principio a sus seis hijos, y ahora a sus tres nietos: Los gemelos de siete años Eveseidy, que es contorsionista y Ronaldo, conocido como el payasito Rony , y Rawy, de ocho años, quien hace Rola-Rola o equilibrio en la arena del circo.
Son huérfanos de padre y madre. Su padre, que trabajaba como electricista en el circo, murió en un accidente automovilístico y su madre a causa de una enfermedad hace apenas un año. Ellos, los tres pequeños, que en menos de dos años vivieron la tragedia de perder a sus padres, son parte de Pipo, la Dinastía Alvarado.
Amor por el oficio
La pequeña Eveseidy, La Niña de Goma, asiste a primero de primaria y comenzó a trabajar a la edad de tres años en el circo de su abuelo Pipo.
“Mi hermana, también contorsionita, fue quien la inició en este mundo: desde muy pequeña le enseñó primero a sostenerse de manos con el cuerpo inclinado sobre la pared, ¡ella lo pedía!”, comenta su tía Martha, quien es la encargada, junto con su esposo, del cuidado de los niños, ambos los asesoran en su entrenamiento físico diario, y es ella es quien elabora el vestuario de cada uno de los integrantes del circo.
Eveseidy, Ronado y Rawy, aunque trabajan en el circo, asisten a la escuela y tienen buenas calificaciones. Los pequeños, tras la muerte de sus padres dejaron de hablar y permanecían ensimismados, a decir de sus tíos. Después de un tratamiento sicológico han comenzado a hablar de nuevo.
Todos aportan
Martha y Julio César tienen a su vez otras dos hijas de 15 y 19 años de edad, una de ellas es la Chica del Hula-Hoop, la otra acaba de ser madre.
Cada uno recibe un sueldo de 100 pesos por función, y ofrecen parte del mismo para los gastos de la casa.
“Todos saben que deben cooperar para nuestro hogar con lo que puedan. Los más pequeños ofrecen un peso diario, pero contribuyen por propia voluntad”, afirma el payaso Pipo.
La prioridad de la familia es la alimentación, luego el vestido. Cobran mil 800 pesos por función. Luego, hacia el final de la noche, cuando bajan el telón de la carpa, los nueve integrantes de la Dinastía Pipo, incluyendo a los niños, se sientan juntos a la mesa para repartirse los ingresos, compartir el pan y agradecer un día más de trabajo.