Unos pilotos británicos de visita hacían un vuelo de instrucción en una base aérea de la Armada una noche de abril cuando su helicóptero casi choca con una avioneta ultraliviana que volaba sin luces a escasos 50 metros. La avioneta se encaminó hacia México, sin dejar rastros
Nacionales
- 2011-04-30
El episodio en el desierto del sur de California es un ejemplo de cómo los narcotraficantes están usando aparatos que vuelan bajo, que parecen parapentes con motores, para burlar los cercos construidos en la frontera. Los aviones comenzaron a aparecer en Arizona hace unos tres años y ahora están siendo vistos en partes remotas de California y Nuevo México.
Y, en un nuevo giro, los avioncitos rara vez tocan tierra. Los pilotos simplemente abren una compuerta y dejan caer cajas de aluminio con unos 90 kilos de mariguana, en sitios donde hay gente esperando, que les hacen señales con luces o bastones resplandecientes. En cuestión de minutos, los pilotos están de vuelta en México. “Es como tirar una bomba desde un avión”, comentó Jeffrey Calhoon, jefe de la oficina de la Patrulla Fronteriza que vigila un sector llamado El Centro, que abarca granjas de alfalfa, extensiones desérticas cubiertas de matorrales y dunas en California.
El gobierno estadounidense ha construido cercos y barreras vehiculares a lo largo de la frontera, y también desplegó miles de agentes adicionales, por lo que los traficantes tratan de burlar esas medidas.
Los avioncitos, que cuestan entre 5 mil y 20 mil dólares, surgen como una herramienta altamente efectiva. El Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras dice que sabe de 228 incursiones en el año fiscal del 2010, comparado con las 118 del año previo, en que comenzó a llevar la cuenta. Ya hubo 71 en el año fiscal de 2011, que comenzó el día primero de octubre pasado.
Los avioncitos ultralivianos pesan menos de 115 kilos, no pueden llevar más de 20 litros de combustible ni viajar a más de 100 kilómetros por hora, según las normas de aviación de Estados Unidos.
Están diseñados para transportar un piloto y nada más. No hace falta una licencia de piloto, aunque se recomienda no volar sobre áreas pobladas ni en la oscuridad. Los pilotos que transportan drogas, no obstante, a menudo vuelan de noche, apenas pasando por encima de los tendidos eléctricos.
Kevin Kelly, del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (conocido como ICE, sus siglas en inglés), estaba de guardia una noche de luna llena de noviembre junto con una docena de agentes cuando escuchó un ruido que parecía el de una cortadora de césped que venía del cielo. Luego vio un avioncito que procedía del sur. “Tiene unos alerones grandes, como los de Batman”, comentó Kelly, agente especial del ICE a cargo de las investigaciones en Nogales. “Son como planeadores, con un tipo debajo que los pilotea”. Kelly vio cómo el aparato desaceleraba, se acercaba a tierra y dejaba caer paquetes envueltos con cinta adhesiva.
El piloto volvió a acelerar y regresó a México. Los agentes esperaron que alguien fuese a recoger la carga —130 kilos de mariguana—, pero nadie lo hizo. Al principio los avioncitos volaban incluso hasta Phoenix, pero ahora rara vez se alejan más de 50 kilómetros de la frontera, según Matt Allen, agente especial del ICE en Arizona.
Dado que tienen tanques de combustible tan pequeños, o vuelan más al norte para reabastecerse o desarman los aparatos y los regresan a México.
El piloto Jesús Iriarte fue detenido en octubre de 2008 al aterrizar un aparato ultraliviano que llevaba 100 kilos de mariguana en Marana, Arizona, a casi 160 kilómetros de la frontera y fue sentenciado a la cárcel.
“Ya pasaron los días en que te podías adentrar en territorio estadounidense sin ser detectado”, declaró Allen. “No quieren tocar tierra. Tiran la carga y se van. Así son menos vulnerables”.
Las autoridades dicen que es más fácil capturar a las personas que recogen la carga que a los pilotos.
El mes pasado, la Patrulla Fronteriza detuvo a Sergio Favela cerca de Douglas, Arizona, cuando supuestamente cargaba unos 100 kilos de mariguana en su camioneta alrededor de las tres de la mañana. Las autoridades informan que Favela, quien es ciudadano estadounidense, dijo que le habían pagado mil 500 dólares.
Al reforzarse las medidas de vigilancia de la frontera en Arizona, los traficantes aparentemente se están desplazando a California y Nuevo México, de acuerdo con algunos funcionarios. En California, las autoridades confirmaron 30 incursiones de avioncitos ultralivianos desde diciembre en el Imperial County, una aislada región agrícola con fácil acceso a autopistas, y otras seis en San Diego