OPINIÓN
Francisco Cabral Bravo
Con solidaridad y respeto a Miguel Ángel Yunes Linares, , Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa
Lunes, 18 de Junio de 2018
Con enorme prudencia, algunos observadores de la vida pública se han preguntado, si una de las características de la era del desconcierto en que vivimos es que las elecciones se han vuelto emocionales. Los vuelcos populares son siempre producto de emociones desbocadas, de dignidades ofendidas.

Si la dignidad es buena consejera el enojo no lo es. El problema son los resultados.
En México hay muchos agravios acumulados: muertos por la guerra qué dejaron decenas de familias heridas; una cifra espeluznante de desaparecidos, tres o cuatro decenas de miles; y los millones de ofendidos por la impunidad cotidiana donde la probabilidad de que un delito sea resuelto es de 0.9%. A todo eso agrèguese la corrupción, la impunidad, la inseguridad la falta de empleos con salarios dignos: entramos al dormitorio y el regocijo tiene límite, los gemidos emergen de entre las carnes que se entrelazan y sacuden.

Estamos muy ofendidos, pero de la calidad de nuestra comprensible reacción dependerá nuestro futuro. Hoy la atmósfera está cargada de mayores ambigüedades, aún frente a sólidas certezas. Que gane la oposición no tiene porqué asombrarnos.
Que el tabasqueño lidere tampoco. Pero que la elección, convertida en vendaval, ciclón o huracán, destruya los pesos y contrapesos políticos e institucionales qué tantas décadas llevó formar, es autodestructivo, es estólido.

El desprestigio de los partidos políticos está perfectamente fincado, pero no hay democracias liberales que funcionen sin partidos. Poner a todo el país a disposición de un movimiento, tal y como se autodenomina Morena, y por lo tanto en manos un solo hombre es una reacción producto de la ira que puede traer consecuencias terribles, devastadoras, para las libertades y en favor del restablecimiento de un sistema autoritario. López Obrador necesita dar certidumbre jurídica y económica, más allá de encontrar los recursos idóneos para financiarlos. No tiene ganada la elección pese a que está cerca de lograrlo, pero si hay algo que puede afectar su desempeño es, sobre todo, la incertidumbre.

Esto Dijo AMLO, que no sé tema a la palabra subsidio. Los subsidios no son malos, el problema es que la satanizaron porque no convenía a los intereses de los grupos de los neoliberales. Eso piensa y eso es lo que vamos a tener si gana la Presidencia: Una República de Subsidios. ¿ De verdad son buenos los subsidios cómo piensa AMLO? Depende de a quién estén dirigidos y si existen recursos suficientes para financiarlos. ¿Quièn acaba pagando este subsidio? Los contribuyentes con los impuestos que pagamos. ¿Es esto bueno para la sociedad? ¿ Quiénes son los más beneficiados? No son los más pobres, sino los más ricos.

Recuperar la dignidad hoy ofendida de los mexicanos llevará mucho tiempo, tiempo para crear un nuevo sistema de administración de justicia, tiempo para que el Sistema Nacional Anticorrupción tenga efectos, tiempo para ajustar cuentas con la ley en la mano. Ese es el dilema. No me da la imaginación, tampoco me da la cabeza para imaginar la crispación social en la que llevamos años sumergidos aparece hoy como fuerte crispación y polarización politico-electoral.

De un lado, los que defienden la libertad individual, las instituciones, los pesos y contrapesos, el mercado, la transparencia, y demás. Del otro, los que reclaman existencia, voz y justicia para los ejércitos crecientes de mexicanos y mexicanas excluidos de todo derecho efectivo y de toda oportunidad de hacerse de vidas menos inciertas, precarias y vulnerables.

Posiciones encontradas vividas como irreconciliables en cada "conversación" sea presencial o virtual. Posturas que se enfrentan desde la palabra o la imagen, pero en donde lo que se juega es la emoción visceral.

Ojalá podamos verlas y no terminemos arrollados por nuestras vísceras desbocadas.
El presente dura un instante. Es tan breve qué es difícil de captar. En cambio, el pasado es un archivo enorme de hechos y memorias. Pero cada decisión que tomamos en ese presente efímero va forjando un futuro que es inevitable. No escuchar los tiempos también es una decisión que no detiene el futuro, pero que nos hará más difícil enfrentarlo.

Estamos en la recta final hacia la elección, se definirán las cosas mediante el voto. Difícilmente se puede hablar de fraude electoral hoy en día. Los mecanismos se han perfeccionado y la participación de la sociedad en la organización de los comicios ha desterrado viejos vicios. El voto libre es una realidad. Lo de informado no tanto. Al final la decisión es más emocional que racional, en un día vamos a definir nuestro destino común.

Lo que está en juego son dos proyectos de país. Uno que apuesta por el libre mercado, la inversión privada nacional y extranjera en varios campos, para impulsar empleo y paliar desigualdad social, que asegura cerrará la brecha entre norte y sur, entre hombres y mujeres, que apuesta por mejorar la educación, ampliar la infraestructura y la conectividad del país, que fortalecerá la competitividad que ya tiene el campo mexicano, que apuesta por nuevas fuentes de energía, limpias y renovables, por mayor cobertura en internet, por mantener libertad de expresión, por incorporarnos al mundo globalizado con mejores ventajas y más acuerdos comerciales que diversifiquen opciones.

Otra que cierra fronteras, busca producir lo que consumimos aunque sea caro el precio, a mantener con subsidios precios de gasolinas y otros productos, e impulsar refinerías cuyos costos de producción pueden ser mayores que importaciones, a revertir avances en educación fortaleciendo derechos laborales qué benefician control corporativo de sindicatos, a reducir la participación social y de organizaciones de la sociedad civil, a limitar libertades de expresión y de disenso, a someter a los poderes legislativo y judicial, a regresar al Pacto por el Progreso en lugar de fortalecer acuerdos comerciales regionales, a centrarse en lo interno y no adaptarse a lo internacional, a subsidiar al campo y otorgar beneficios a sectores de la población para generar consenso, sin invertir al efecto, a cancelar el acceso a la salud de grandes sectores, a cuestionar el Estado laico.

Estamos muy próximos a la conclusión de este periodo electoral, histórico no sólo por su dimensión, sino sobre todo por su definición. En pocos días, a partir del resultado que arrojen las urnas, estaremos escribiendo la historia de las responsabilidades la factura de los hechos. Vamos a ver qué dicen los votantes el 1 de julio. Las cartas están sobre la mesa para que el electorado escoja una.

La "gran depresión" que puede venir no es argumento de campaña para asustar, sino una realidad que está ala vuelta dela esquina, porque hay mucho en juego y mucho que proteger del vendaval, el huracán que viene. Usted decide.

 
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