CRÓNICA: Las Caballerizas ya tendrán banquetas

+ Los que se quejaban minutos antes, podrán seguir quejándose, pero ahora podrán hacerlo sobre una banqueta.

Zona Centro

- 2011-03-17

El sol empezaba a acribillar los hombros de la gente reunida en la calle México de la colonia caballerizas. Para llegar, hay que atravesar una calle pavimentada llamada Madre Selva entre filas interminables de urbanos oxidados y camionetas de los años ochentas y ruidos estruendosos de motores, bicicletas viejas y un puñado de calles aledañas llenas de tierra.

Las piedras incrustadas en la terracería combinaban con la playera azul grisácea de un nevero que expendía nieves de guayaba, coco, mamey, limón. Su gorra era verde, reporteros y gente vestida en guayabera le compraban. Hizo la venta del día.
Atrás del nevero se postraba una señora sobre su ventana con barrotes con residuos de pintura vieja quebrada. Vestía una playera blanca estampada que irónicamente decía Rich´s.

Le decía a su hermana, “mínimo se hubieran peinado los vecinos, mija”. La otra señora sólo le contestó con una sonrisa y se dirigió a la prenumbra que absorbía su casa. La incandescencia de afuera opacaba todo rastro de luz interno.

Al llegar Carolina, una señora de piel cobriza y de complexión retacona se acercó a besarla. Ella, amablemente se agachó y le saludó. Vestía una blusa blanca y su maquillaje perfectamente diseñado en su cara.

Al bajarse, el grito de “¡Carolina, Carolina!”, no se hizo esperar. Un séquito de señoras que levantaba la mano la vitoreaban enérgicamente. Todos la escoltaron hasta el presidiúm que la aguardaba.

Los vecinos se ponían en cada esquina para observar como darían el banderazo a la pavimentación de guarniciones. Unas señoras que apenas podían con ellas mismas, buscaron una sombrita, pues cargaban a sus hijos entre los tres y seis meses.

A uno, apenas el pelo, les rodeaba la parte superior de la tatema. La otra de plano, se sentó en un pedazo viejo de metal.

Mientras Carolina se dirigía al estrado, las mismas señoras empezaron a vociferar “uno, dos tres una, uno, dos, tres una, como Carolina ninguna”

La maquinaria estaba lista con los albañiles sosteniendo las carretillas y las cubetas. Sólo esperaban el banderazo.

Integrado el estrado por la representante de la colonia Nelly Reyes Carvajal y personalidades como el Director de Obras Públicas, Jorge Baños, esperaron al discurso de Carolina.

Agradecía a todos los presentes, y dijo sentirse orgullosa de que colonias en rezago como Las Caballerizas por fin tendrían banquetas y felicitó a los vecinos por el esfuerzo.
“Veracruz vive una nueva historia de prosperidad” dijo para ser aplaudida al unísono.

Mientras Carolina discursaba, unos bebés estaban inquietos, lloriqueando por el sopor que atravesaba el ambiente de la colonia, pero eran absorbidos por los aplausos de los vecinos.

Una niña, postrada en un escalón de una Virgen de Guadalupe encerrada en un vitral, le daba biberón a su hermano. La niña no pasaba los siete años, la carriola de su hermano estaba junto a un charco de agua enlodada almacenada en la esquina de la calle. La sombrita apenitas se asomaba sobre los pies de la niña.

Dieron el banderazo para que, proporcionalmente, el cemento saliera por una máquina redonda y así cayera en la carretilla. Carolina echó el cemento como acto protocolario.

En México, el subdesarrollo es latente y las proporciones son desiguales. No todas las banquetas y el asfalto es posible en todas las ciudades, colonias.

Veracruz tiene 260 colonias según Carolina Gudiño, entre ellas se encuentra Las Caballerizas. Las caballerizas están en México, y la calle México está en las caballerizas.

El subdesarrollo estará en México y no todas las banquetas son posibles en todas las colonias, pero la colonia México este día será la excepción.

Los que se quejaban minutos antes, podrán seguir quejándose, pero ahora podrán hacerlo sobre una banqueta.

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