LA MULATA DE CÓRDOBA

+La mulata de Córdoba es una de las leyendas más reconocidas a lo largo del territorio nacional.

Historias y tradiciones de Veracruz

SINEMBARGO.mx - 2021-07-21

Cuenta la leyenda que hace muchos años, en la época de la Inquisición vivía en la ciudad de Córdoba una hermosa mujer mulata, quien era huérfana, por lo que la llamaron Soledad.

En aquellos años, la mezcla de razas era estigmatizada y rechazada por la sociedad, motivo por el cual la mulata fue señalada y rodeada de ataques e injusticias. Sin embargo, su gran belleza resaltaba y era envidiada por toda las mujeres del pueblo, fue así que comenzaron los rumores de que Soledad practicaba brujería.

Se decía por las calles que durante la noche, una luz intensa salía por las ventanas de la casa en la que vivía, mientras se escuchaba una música extraña y misteriosa.

Ante la oleada de rumores, las autoridades del Santo Oficio y los vecinos empezaron a espiarla para comprobar que la mulata practicaba magia negra, pero quedaban desilusionados cuando observaban que Soledad no hacía más que ir a misa, con lo que se calmaban las sospechas en su contra.

Tiempo después, quien era el Alcalde de Córdoba, cautivado por la belleza de la mulata le confesó su amor y prometió una gran fortuna a cambio de que fuera su esposa. Ella respondió “no” y el hombre despechado acusó a la Mulata de haberle dado una pócima para hacerle perder la razón y la denunció ante el Santo Oficio para que la condenaran a la hoguera.

Una noche, tras las acusaciones, el Alcalde a lado de sus asistentes, policías y autoridades, rodearon la choza de Soledad y en nombre de la Santa Inquisición derribaron su puerta para capturarla, aunque se resistió a la detención fue rodeada y llevada hasta las mazmorras del castillo de San Juan de Ulúa, donde fue encerrada en espera de su castigo.

La mujer fue declarada culpable de practicar magia negra y la sentenciaron a ser quemada con leña verde en presencia de los ciudadanos. Por ello, la noche antes de morir, Soledad cambió un rezo para mostrar su arrepentimiento por un dibujo en la pared del calabozo de un magnífico barco, una auténtica obra de arte.

Cuando el guardia la fue a buscar quedó cautivado con los trazos. Tenía perfectamente delineados todos los aparejos de un bajel dispuesto para una gran travesía en alta mar. Ante la sorpresa del guardia, Soledad le preguntó con una amplia sonrisa “¿Qué es lo que le falta a esta embarcación?” el guardia contestó que andar, “¡Pues mira como anda!” respondió la Mulata, subiendo ágil por las escalerillas del barco.

Felizmente se giró para despedirse de su captor con un suave gesto de la mano indicando su adiós, mientras la embarcación desaparecía ante los desorbitados ojos del hombre.

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