OPINIÓN
Francisco Cabral Bravo
Morena -Luis Donaldo Colosio-
Lunes, 20 de Agosto de 2018
Con solidaridad y respeto a Cuitláhuac García Jiménez, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, Ricardo Ahued Bardahuil y Manuel Huerta Ladrón de Guevara
En mi opinión, hoy están vigente Maquiavelo, Locke o Rousseau como lo han sido siempre.

El análisis institucionalista sigue sirviendo para evaluar un sistema político. La división de poderes, las facultades que se asignan a cada uno y la autonomía con que actúan permiten la caracterización de un régimen. La distribución de asientos en el Congreso sigue siendo relevante. La declaración de principios y plataforma de los partidos, aunque a veces se distribuye, siguen siendo pertinentes. La transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio del poder siguen y seguirán sirviendo para juzgar el desempeño democrático.

Nada de esto cambia ni tenemos por qué inventar nuevos paradigmas para el análisis de la política. No es un error concentrar delegaciones.

En muchos estados existe un número inexcusable de delegados federales. Son posiciones que en ocasiones sirven para colocar a personajes cercanos a secretarios de Estado u otros funcionarios, en otras para llegar a acuerdos o marcar diferencias con los gobernadores concentrar las delegaciones en una sola persona quizás es demasiado, pero no es una mala decisión. Los problemas surgen cuando se profundiza en quiénes son lo que harán esos delegados.

Para empezar, el ahorro es relativo, ya que cada uno de ellos tendrá 8 subdelegados trabajando, así que estamos hablando de una estructura de delegados y subdelegados de casi 300 personas.

El segundo problema son las atribuciones: tienen órdenes de que todos los recursos federales dirigidos a los estados pasen exclusivamente por sus manos y que "no lo toque" gobernador o alcalde alguno, lo que lisa y llanamente los convierte en un poder alterno en cada estado, con la diferencia de que a los gobernadores buenos, regulares o malos, los eligió la ciudadanía por voto directo y a los delegados sólo el Presidente de la República.

Ese mandato se profundiza porque, como les dijo AMLO, también deberán buscar a los mandos militares y policiales federales en las entidades coordinarán con ellos las tareas de seguridad.

Ha habido múltiples abusos, sin duda, con el manejo Estatal de los recursos federales, en muchos, demasiados, casos. También existen graves problemas de seguridad que se han agudizado simplemente porque una gran mayoría de los gobernadores y alcaldes no cumplen con su responsabilidad, incluyendo su resistencia a coordinarse adecuadamente con las fuerzas federales. No es crítica. México es un sistema presidencial y si se apega a sus facultades y actúa dentro de la legalidad vigente y los principios que la animan, está en su derecho. Si su coalición ganó la mayoría en el Congreso y su fracción parlamentaria lo apoya no es "mayoriteo". Ganar las votaciones en el Congreso también es tu derecho siempre y cuando no se atropellen ni la constitución, ni las leyes del Congreso, ni el derecho de las minorías. No hay transformaciones, ni la primera, ni la segunda, ni la tercera, ni la que hoy el plantea sin un fuerte liderazgo que concentra el poder.

El mayor problema es quiénes serán esos delegados: todos ellos son dirigentes locales de Morena. La idea es sencilla: asegurar, vía recursos federales y control sobre fuerzas de seguridad, el control de los estados por encima de las autoridades locales.

Sólo el tiempo dirá en que tuvo razón AMLO y en qué no, para lograr el superior objetivo de alcanzar un México más incluyente que permita combatir las desigualdades sociales, revertir el flagelo de la inseguridad pública y, tal como lo ha dicho, terminar la corrupción.

Cierto, la forma en que piensa el gobernador el Presidente electo es totalmente disruptiva y rompe paradigmas, todo ello prenden los focos rojos por innumerables temas que son altamente cuestionados, no por los mexicanos que le extendimos un cheque en blanco para gobernar, sino por periodistas, políticos, investigadores, muchos de ellos, los menos, le otorgan el beneficio, de la duda, los más, lo critican y con argumentos de peso.

Quiero asentar varias cosas que a mí me parece evidente, claro, hay que aplaudirle la cruzada que ha emprendido contra el dispendio y las canonjías que tienen los funcionarios públicos y la obligada medianía en el que deben de vivir y otras acciones que, más allá de caer en el campo del populismo, son un alivio para ciertos sectores de la población, como el de los adultos mayores. Ante un personaje que rompe paradigmas se debe tener una diferente óptica para analizar su accionar, no debe ser la tradicional mirada para calificar sus actos. No todo lo que ha enunciado AMLO se va a cristalizar, ni siquiera en el largo plazo.

En todo ese torbellino de cambios debe prevalecer ante todo, la máxima de Voltaire: " No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo". Aunque el ejército de operadores en redes sociales no lo comparta.

Y, si para mejorar se tiene que romper paradigmas, hagámoslo. Sin embargo, no es deseable que ante la crítica se persigan y se hostiguen todo a periodistas, cuya grave falta es expresar su opinión. La tersa transición entre la administración actual y entrante es producto de la diferencia abismal entre un primer mandatario saliente con un poder disminuido sustancialmente en todos los espacios políticos, y otro entrante con una fuerza política casi incontenible que puede hacer y deshacer a su antojo con las únicas restricciones que los mercados financieros puedan imponerle de manera inmediata a proyectos que, al no ser rentables, generen reducción en el grado de inversión y con ello una fuga de capitales imposible de contener.

La Constitución tutela y reconoce los ámbitos de acción Federal, Estatal y Municipal, su coexistencia con atribuciones y funciones específicas que se rigen por leyes federales, generales o especiales. La coordinación en temas fiscales se rige por leyes específicas que determinan mediante fórmulas que consideran diversos aspectos como población, recaudación, educación, salud. Infraestructura. Así se establece que los Estados limitan parte de sus labores de recaudación a cambio de participar de la que efectúa la Federación. Dichas participaciones son inembargables pero se pueden ofrecer como garantía bancaria. La discusión sobre la nueva figura de coordinadores estatales y regionales que sustituyan a los delegados federales es vista, con recelo por los Gobernadores que ya se han pronunciado al respecto. En realidad aún no sabemos bien qué funciones y atribuciones tendrán dichos coordinadores. En realidad el Ejecutivo, a través de su Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, puede decidir cómo organizar su funcionamiento, sin que esto sea materia estatal o municipal. Sin embargo la forma de operar recursos federales en los estados es un tema de trascendencia en el cual, al menos teóricamente, lo deseable es que existe una buena coordinación que mejore el gasto público. Si los coordinadores estatales ayudan a mejorar el gasto público en las entidades, con consultas en la ciudadanía sobre obras y servicios, y coordinan acciones con estados y municipios, pueden lograrse una mejor aplicación de recursos con mayor transparencia. Sin embargo; Lo que muchos perciben es que los coordinadores van a actuar en el ámbito de sus atribuciones al margen de los gobiernos locales, lo que puede resultar en duplicidades incluso confrontaciones e inmovilidad. ¿Qué pasará?

Cuando se reforma la Ley lo sabremos, antes sólo especularemos. Y desde luego la actuación en el terreno de los hechos irá conformando lo que un coordinador estatal puede lograr.

Desde luego, el tema no es sólo administrativo, es fundamentalmente político. Puede concretarse en un control político de contrapeso a los Gobernadores, que además estarán acotados por Congresos Locales de mayoría afín al Ejecutivo Federal, o puede darse como alguna vez lo instrumentó Luis Donaldo Colosio, como un impulso a la participación social en definiciones de políticas públicas, con una mejora en la gobernanza.

Oportunidad y riesgo, como todo lo que implica este nuevo gobierno, será lo que veremos en los próximos años. Pueden materializarse unos u otros, pero lo que deberá revisar con lupa el nuevo marco jurídico y su operación. Lo importante es que no se inicie una confrontación entre niveles de gobierno, sería terrible vivir así, en una lucha electoral por las Gubernaturas en estados con serios conflictos.
Es posible, y hasta probable, que el Ingenio humano sea la perdición de la especie. Las redes sociales parecen ir por esa misma ruta.
Cómo usuarios, no estamos atados de manos.

Las redes sociales llegaron para quedarse y de nosotros depende convertirlas en una herramienta de utilidad, o usarlas para fomentar el odio, el rencor y la división.
Lo veo con preocupación seamos responsables.



 
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