OPINIÓN
Francisco Cabral Bravo
LUCES Y SOMBRAS DE LA 4TA TRANSFORMACIÓN
Martes, 29 de Enero de 2019
Con solidaridad y respeto a Cuitláhuac García Jiménez, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, Ricardo Ahued Bardahuil y Rafael Hernández Villalpando

El conflicto de interés es una forma de corrupción, al igual que el abuso de autoridad.
El hecho de que hoy hablemos con más frecuencia de los conflictos de interés no significa que los identifiquemos bien cuando ocurren y, sobre todo, que comprendamos porque dañan la integridad de la acción pública.

El conflicto de interés se produce cuando un individuo con un cargo o representación pública contraviene su compromiso con la institución y los objetivos que persigue para beneficiar un interés particular. Al subordinar a un interés privado el de naturaleza pública, captura el interés público, trastocando y comprometiendo la legitimidad misma del Estado. El conflicto de interés es doblemente nocivo cuando no sólo cae en él un funcionario público, sino que compete al propio grupo en el poder; es decir al gobierno en turno.

Nos estamos haciendo menos sucios.

Una tragedia como la que vivimos con la explosión de Tlahuelilpan nos debe dejar lecciones. Sería en verdad terrible que no aprendieramos como país de un hecho tan costoso en vidas humanas.

Debe haber una difusión mucho más amplia y directa, incluso cruda, del alto riesgo que existe en las fugas de combustible.

En Pemex en las empresas que operen ductos debe haber absoluta conciencia de que, ante contingencias, lo fundamental es preservar la seguridad.

En las comunidades cercanas a los lugares en los que hay robo de combustible se ha generado una actitud de tolerancia o incluso complicidad, y desde luego hay un desprecio a la autoridad. La tarea del gobierno no sólo debe ser el crear oportunidades económicas para esas poblaciones, sino que debe reconstruir el respeto a las leyes.

La tragedia pone el acento en la necesidad de hacer todos los esfuerzos necesarios para terminar con el robo de ductos, la tragedia en este caso polarizo a la sociedad, y hubo menos solidaridad. Que la autoridad sea autoridad. La policía, policía. El Ejército, Ejército. Y hay que tapar el pozo, aunque el niño ya esté ahogado.
Las escenas estrujantes del Estado de Hidalgo nos acompañarán durante muchos años.

La especulación y debate también perseguirán por un largo rato. El País y The New York Times colocan al centro de su cobertura la tragedia.
México sólo tiene como opción el quitar a las mafias, de todo tipo, la potestad que han gozado de aprovecharse del vehículo qué debería llevarnos al progreso.
Toca al gobierno investigar que paso, construir un modelo efectivo de combate al robo de combustible.

Toca a los demás dar al gobierno un tiempo razonable para que haga lo anterior.
Y nos toca a todos no dividir por deporte en este momento de crispación.
El eje toral de la narrativa política del presidente López Obrador es el combate a la corrupción. Lo usa en todo momento y lugar. Sin embargo, su discurso tiene contradicciones y omisiones que pueden vulnerar la meta de construir un gobierno honesto.

Primer argumento: yo no soy vengativo, ofrezco perdón. Contraargumento: aplicar la ley no es venganza, sino cumplir con una obligación constitucional.
Segunda contradicción; si persigue a todos los corruptos " no alcanzarían las cárceles ni los juzgados".

Tercera contradicción: vamos a acabar con la horrenda corrupción con un modelo de borrón y cuenta nueva: Contraargumento; si no se castiga el pasado, no hay ninguna razón para pensar que habrá una limpieza moral de la sociedad por arte de magia.
Corolario de optimismo. Quizá tiene razón Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, cuando ante críticas de que AMLO quiere perdonar a los corruptos, responde que el presidente no es el responsable de denunciar actos de corrupción, sino el nuevo fiscal general de la República, el auditor superior de la Federación o el Congreso.

La razón: los procesos penales y administrativos son complejos, tortuosos y la evidencia de los actos de corrupción es escasa.
Es admirable la fe del Presidente en la eficacia de los programas de apoyo y de becas reducir el involucramiento de la población en actividades de huachicoleo. Pero, aún en los mejores escenarios, el reducir el ataque sistemático gracias a la ayuda proporcionada individuos en situación de vulnerabilidad, podría tardar meses o hasta años.

Porque el "picar" oleoductos es fácil. El problema fundamental es que no se prepararon ni anticiparon el efecto que tendría un combate frontal, al huachicol industrial y al huachicol oficial.

Si la razon de combatir a los huachicoleros era porque representaban una amenaza a la seguridad nacional y grandes riesgos a la población y la economía, entonces la estrategia debería haber sido netamente militar, usando todas las capacidades y recursos de las Fuerzas Armadas y de los organismos de inteligencia.
Algo que faltó en esta estrategia era el componente político: un consenso por las diferentes fuerzas partidistas y empresariales para enfrentar la amenaza del huachicol.

Lucha antihuachicol: ¿estrategia anticorrupción, antipobreza, seguridad pública o seguridad nacional? Hay que decidir.

Morena cambio los temas de los que se habla, de los que son noticia, los que se comentan y discuten, cambió radicalmente la conversación pública. Cambiaron, también, el lenguaje en el que se dicen las cosas, así como las formas, los gestos y los rituales con los que se visten, se sazonan y adquieren capacidad de interpretación emotiva las palabras en el teatro de la política.

Menos obvio quizá, pero tanto o más importante, cambiaron los supuestos ( esas creencias de fondo que se dan por válidas sin necesidad de argumentar y que son el sustento de las argumentaciones que se expresan de modo explícito) los axiomas y los valores a partir de los cuales se estructuro durante mucho tiempo la discusión colectiva en México.

Las viejas anclas y coordenadas del discurso y el debate público de ser autoevidentes. No basta repetirlas. Su mera repetición ya no es suficiente, pues el entramado completo del poder político, social y cultural que la sostenía se cuarteo.
Otra parte del carpetazo de los viejos tótems que estamos viviendo tiene muy probablemente que ver con el nuevo gobierno y la formidable recomposición del poder social que expresa y vehicula, parten de supuestos muy distintos a los de la oligarquía que "gobernó" México durante más de tres décadas.

El cambio en la conversación pública que está experimentando nuestro país abre oportunidades muy valiosas para mirar México con otros ojos.

Ocasiones para construir un diálogo más amplio y menos bizantino. Oportunidades para arremangarnos y entrarle a nombrar, conceptualizar y analizar al país realmente existente desde otros lentes, menos disparatados, por lo poco que tienen que ver con lo que hay y con las fracturas que nos tienen tan lastimados y atorados.

Fabián Flores Vázquez publicó "Confianza: Motor del Desarrollo Personal y Social" que resulta un texto interesante ante el momento por el cual atraviesa el país. Se relata que los valores éticos y morales van cambiando al paso del tiempo.
Aborda como las distintas generaciones van cambiando valores éticos y morales a causa de diversas crisis de distinto tipo, factores económicos, políticos o sociales.
Actualmente tras el reconocimiento universal de los Derechos Humanos, el orden mundial y las formas de gobierno se han transformado para transitar a modelos más democráticos.

Señala que a mayor confianza social, se requieren menos leyes, hay mayor respeto a las normas, mayor honestidad en el desempeño público y se fortalece el estado democrático de derecho. A mayor confianza mayor capital social y mayor desarrollo, explica el autor. Coincido con sus puntos de vista y me hacen reflexionar en que en México hemos perdido la confianza y estamos inmersos en ese proceso de reconstrucción de paradigmas que nos permita recuperarla.

No es un proceso sencillo, implica quiebres y requiere de conducción. Vivir en sociedad requiere de una buena dosis de confianza, ligada a la credibilidad.
Ese es el gran reto de AMLO, su discurso ha generado la esperanza de construir una mejor sociedad. Excluir, acusar, dividir, no son las vías para generar confianza. Confrontar no es el camino, se requiere unidad.
Equivocarse es humano, persistir en el error es necedad.

Porque en realidad lo que queremos es recuperar la confianza. Ese es el reto actual de nuestra convivencia. No hay teorías de conspiraciones, ni enemigos ocultos, hay mexicanos deseosos de que a México le vaya bien.

El gobernador de Veracruz Cuitláhuac García Jiménez, tiene el motor de su voluntad puesto en turbo, pero no es suficiente. Necesita de instrumentos para lograr su objetivo. Entre la mano dura y la mano, caritativa hay más opciones. Pero tiene que reconocer que no podrás solo. Es posible que esta gran batalla para la que fué elegido, le lleve a reconsiderar modelo de gobierno y de poder. Frente a la realidad de su naciente administración, no sólo necesitamos un gobernador fuerte. También necesitamos construir Estado.

Algunos de los funcionarios y secretarios del actual gabinete llegaron al puesto con magnífica disposición, pero eso no ha sido suficiente para saber sobre la extensión y profundidad de todo lo que abarcan sus posiciones.

Por lo pronto, al encabezar la primera sesión extraordinaria del Consejo del IPE, el ejecutivo estatal puntualizó buscará mecanismos para su rescate y así mantener el esquema de beneficios compartidos.

Durante su discurso, en el Museo interactivo de Xalapa, el mandatario estatal se comprometió a que la mayoría de propuestas que envié al Congreso del estado para nuevos magistrados del Tribunal Superior de Justicia, sean mujeres con los más altos niveles, ojalá lo acepten, negó que se busquen "magistrados carnales" . Existen 11 vacantes.

Ojalá que la presente administración, logre dirigirse hacia rumbos de mayor bienestar en favor y beneficio de los veracruzanos
 
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