La visita de Carlos Slim
Arturo Reyes Isidoro
Prosa Aprisa
2013-12-16
Por lo que se ha visto últimamente, una de las características del comportamiento de los hombres económicamente más poderosos es conducirse con la mayor discreción y sencillez, contrario a los hombres políticamente poderosos, que hacen gala de ostentación, la que incluso resulta hasta ofensiva para el ciudadano común.
El pasado 4 de diciembre comenté en “Prosa aprisa” la sencillez con la que se conducen los empresarios xalapeños Antonio y Alfredo Chedraui Obeso, presidentes del poderoso corporativo Chedraui, a quienes se les ve en restaurantes de la capital del estado con sus amigos y familiares, sin hombres con cuernos de chivo cuidándolos y por lo tanto sin alterar la vida del resto de los comensales a donde llegan.
A raíz de ese comentario, el colega Quirino Moreno Quiza me escribió diciéndome que incluso a él le ha tocado encontrar a alguno de los dos en algún súper de su propiedad haciendo cola para pasar a pagar a la caja, como un cliente más, en forma admirable y ejemplar.
El domingo, el diario porteño Notiver y luego otros medios dieron cuenta de la visita que hizo el sábado a la ciudad de Veracruz el hombre más rico de México y del mundo, Carlos Slim, quien estuvo para supervisar la Plaza Aluminio, comercial, que construye su empresa, que será la más grande del puerto y del estado, pero el hombre andaba con tanta sencillez que su visita hubiera pasado inadvertida si no fue que por casualidad lo vio y lo reconoció el jefe de la Jurisdicción Sanitaria número 8, Lorenzo Castañeda, quien le pidió que le permitiera tomarse una foto con él, lo que aceptó. Castañeda subió la foto a Facebook y de ahí se regó la noticia.
A Slim se le ve en la imagen vestido sencillamente, con camisa blanca manga larga y encima un chaleco rojo con franjas blancas, como los que usa el personal de Protección Civil. A Castañeda se ve que se le van los ojos de saberse cerca del personaje cuya fortuna la estima la revista Forbes en 79.1 mil millones de dólares.
Según el testimonio del médico de la Secretaría de Salud, quien al final involuntariamente se convirtió en el vocero de la visita, Slim estuvo cerca de una hora recorriendo los edificios de las empresas de su propiedad (Telcel, Samborns, Cinemex) y platicando con los trabajadores de vigilancia y albañiles, y a él le habría comentado que la plaza será inaugurada este viernes 20 acto al que lo acompañará el ex gobernador Miguel Alemán Velasco y, lógicamente, el gobernador Javier Duarte de Ochoa.
“Dice el médico Castañeda que Slim es muy amable, se dejaba fotografiar con quien se lo pidiera, como eran pocas las personas que se encontraban ahí pues accedía, aunque dicen los mismos trabajadores que se encuentran detallando la plaza que ya lo habían visto varias veces por el lugar pero no lo identificaban pues anda normal, solito, camina y platica, hasta llegaron a pensar que era algún ingeniero o arquitecto de la obra, pero no lo reconocían como Carlos Slim, que se ve anda en Veracruz desde hace varios días”.
La nota de Notiver destaca que la visita sorpresa agarró “de bajada” a varios políticos (yo diría que a todos los del Gobierno), que luego llegaron a la Plaza al ver que Castañeda había subido la foto a Facebook, pero que ya se había ido.
Ni tantito dudo yo que cada quien en su nivel, lo mismo los empresarios Chedraui que Carlos Slim, deben tener y traer un equipo especial de seguridad, que echando a volar la imaginación me imagino que son ex agentes del Mosad israelí o de ese nivel, pero que se mueven sin que se advierta su presencia, lo que los diferencia de los servicios de seguridad e inteligencia huehuenches, que se mueven de manera burda de tal forma que todo mundo se da cuenta cuando entra, sale o se mueve su jefe en algún lugar público, pues además se movilizan diez o más camionetas con vidrios polarizados llenas de hombres con cuernos de chivo, patrullas atrás, adelante y a los costados, que además van cerrándole el paso al ciudadano común que desea avanzar o rebasarlos, al que si lo intenta hasta le apuntan amenazantemente, como ha sucedido con cercanos míos.
Pero más allá de estos detalles, lo que la visita de Slim puso al desnudo son las terribles fallas de seguridad de los cuerpos locales, algo que debiera mover al gobernador Javier Duarte de Ochoa y al secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, a cesar de inmediato a los responsables en el puerto de Veracruz, así como a revisar la estrategia, si es que así se le puede llamar, con que operan, pues es gravísimo que ni siquiera se enteren que llega un personaje del calibre de Slim y avisen para las acciones correspondientes.
Quién sabe si alguien en el Gobierno se ha puesto a pensar qué hubiera ocurrido si por ejemplo algún grupo de malosos de alto nivel se hubiera enterado de la visita de este ricachón de postín y hubiera intentado su secuestro, acción en la que hubiera corrido la sangre. La noticia hubiera sido de impacto internacional y negativa para los cuerpos de seguridad locales, que ya de por si andan arrastrando la cobija. Independientemente de la discreción del empresario para moverse, la obligación de las fuerzas locales era garantizar su seguridad apostando hombres en sitios estratégicos, pero ni siquiera sabían que andaba por acá.
La llegada de Slim se debió haber detectado desde su arribo al aeropuerto Heriberto Jara, pero se ve que no hay quién vigile, quién eche aguas, y por eso no hubo ningún funcionario, de ningún nivel, atendiéndolo, lo que muestra otra grave falla: quién mantiene relaciones de alto nivel en el mundo empresarial de tal forma que sepa o que alguien lo alerte que viene un personaje como en este caso Carlos Slim. Algunos, sin duda alguna, le están fallando a su jefe Duarte. Algo se debe, algo se tiene que hacer, si es que se quiere hacer algo.