Los Yunes, uno azul, otro, rojo
Arturo Reyes Isidoro
Prosa Aprisa
2014-01-28
Tiene razón el joven ex regidor panista xalapeño Omar Miranda Romero cuando clama por la unidad de su partido, el PAN, de cara al proceso electoral del 2016 (aunque obvió el del 2015), si no quieren pasar al olvido.
Reconoce que hay división entre “yunistas”, “cambranistas” (también hay “cabronistas”), “pipistas” (del “Pipo” Vázquez Cuevas), “rementeristas” y demás.
Pero considera que se ha dado ya el primer paso para recuperar su unidad al reconocerse el resultado de la elección de dirigente municipal que favoreció a Fernando Márquez Sánchez, quien, como él mismo apunta, es integrantes del grupo de Miguel Ángel Yunes Linares.
En tanto se ponen de acuerdo o se tratan de poner de acuerdo, lo cierto es que por lo pronto Miguel ya sembró una cabeza de playa en la capital del estado donde está el asiento de la sede estatal cuando viene el relevo de la dirigencia en el estado.
El campanazo del grupo Yunes fue doble pues también ganó la posición de consejero nacional en la persona de Raúl Martínez Chávez, bastante identificado con Abel Cuevas Melo, hoy tesorero municipal de Boca del Río que preside el joven Miguel Ángel Yunes Márquez.
Hablando de otro Yunes, este priista, Héctor, cómo me recuerda el estilo de hacer precampaña política de Fidel Herrera Beltrán.
Corría el gobierno de Miguel Alemán Velasco y Fidel aspiraba a relevarlo. Sucedía que amigos, familias del puerto de Veracruz me invitaban a algún convivio familiar por un bautizo, un cumpleaños, algún aniversario de algo, alguna fecha especial, y ahí estábamos algún sábado, algún domingo, departiendo con toda normalidad, cuando de pronto irrumpía el huracán Fidel.
La normalidad del convivio, el buen ambiente familiar, de camaradería, se terminaba. Fidel se apoderaba del centro de atención y hablabla y hablabla y hablaba y prácticamente ya no dejaba que alguien más interviniera. Había que escuchar la interminable perorata del tío Fide, que en la mesa se ponía a hacer campaña. Había quienes optaban por retirarse.
Pero, en efecto, lo que a modo de chiste se decía era cierto: si se trataba de un bautizo, Fidel era el niño bautizado, si de una boda, Fidel era el novio, si de unos quince años, él era la quinceañera, si de un cumpleaños, él era el cumpleañero, si de un carnaval de pueblo, él era el rey feo, si de un velorio, ¡él era el muerto! Alguna vez un amigo etnólogo-antropólogo me platicó que fue a un convivio en la Sierra de Chicontepec ¡y allá se lo encontró como centro de una fiesta! Otro me dijo que estuvo en un velorio en la Huasteca, más al norte de Chicontepec, ¡y ahí se encontró a Fidel hincado rezando!
A Fidel le dio resultado. Si no hubiera sido por eso, por esa siembra, hubiera perdido la gubernatura, aunque Gerardo Buganza Salmerón, su entonces oponente del PAN, asegura que la perdió aunque su triunfo lo negociaron en México el entonces presidente Felipe Calderón y fuerzas del PRI nacional.
En el proceso sucesorio de 2010, Héctor Yunes Landa aspiró, con todo derecho, a ser el candidato de su partido a la gubernatura. Fidel no sólo lo vetó sino que lo persiguió, le cerró todos los medios informativos y todos los espacios políticos del estado. Y lo denostó hasta que quiso.
Debe reconocerse la piel gruesa de Héctor y su habilidad política para sobrevivir entonces y para reponerse ahora, a grado tal que hoy es senador pero además un prospecto con mucha viabilidad para ser el próximo gobernador de Veracruz, posibilidad real que sólo le disputa el otro senador veracruzano, su sobrino putativo José Francisco Yunes Zorrilla, con quien, por cierto, tiene un pacto personal de no agresión. Tan hábil que el comentario no desmentido hasta ahora es que Héctor y Fidel ¡ya son cuates!, que el tío Fide lo visita en el Senado, que Héctor le consigue naves para que vuele y se traslade, que ya pactaron un acuerdo, Fidel dándole todo su apoyo y el de las fuerzas que tiene y maneja en Veracruz y Héctor haciéndole concesiones para cuando llegue.
Pero, decía al principio, Héctor me recuerda mucho la forma de hacer precampaña de Fidel. Asiste al aniversario de un medio informativo en el norte y se vuelve el centro de la atención, convive con la prensa en una cena-brindis con la prensa del puerto jarocho y la consiente, se hace o lo hacen compadre empresarios del estado, viaja al sur a un convivio y la gente queda encantada con él, lo invitan aquí o acullá y no se hace del rogar.
Ya nada más falta que se aparezca ahora en las fiestas de La Candelaria lidiando toros, o que encabece el desfile de la virgen como jinete, que desfile en el Carnaval de Veracruz disfrazado de político y que se lance desde lo más alto del palo sagrado como un volador más de los Voladores de Papantla en la Cumbre Tajín.
El sábado pasado asistió en Xalapa a un convivio con motivo del cumpleaños del reportero, editor y columnista Filiberto Vargas. A diferencia de Elizabeth Morales y Alfredo Ferrari que se fueron enseguida, Héctor se quedó a botanear, a brindar, a charlar; contrario al tío Fide escucha y deja que los demás hablen. Una semana antes apadrinó en Xalapa a un hijo del empresario presidente de la Canacintra Carlos Abreu Domínguez, e igual departió con todos los invitados con toda sencillez. El hombre está, anda en lo suyo y no cree en nadie.
Y ha resultado un buen cátcher. Todo veracruzano, de cualquier nivel, de cualquier parte del estado, que no es escuchado o atendido por las autoridades, por los diputados locales o federales, él les abre la puerta de inmediato, los recibe en el Senado, los atiende, los escucha y hace gestiones para tratar de ayudarlo. Lo mismo hace con todos los políticos veracruzanos que han sido marginados o son mal vistos por quienes están hoy en el poder. Ya tiene, de esa forma, una legión de activistas.
Algo que puede ser una virtud en él: escucha y si se equivoca rectifica. Luego de las críticas que recibió por violar las reglas no escritas de la política al venir a disputarle al gobernador Javier Duarte el espacio mediático suspendió sus conferencias de prensa de los lunes que había anunciado y que realizó al principio en conocido café del puerto de Veracruz con el pretexto de venir a dar cuenta a los veracruzanos de su gestión como senador, aunque en realidad era una forma velada de mantener presencia entre el electorado, esto es, de hacer precampaña.
Pero encontró otra forma mejor, que nadie le puede reprochar: no desaprovechar ninguna oportunidad de estar cerca de los votantes, ya sea como invitado, como padrino y compadre, como anfitrión, como patrocinador, como mecenas, en fin. ¡Ah! Y cabildea con la prensa, con editores, con columnistas, suma incluso las voces más críticas, las que han sido desdeñadas por otros. Tiene y demuestra oficio. Será, es un contendiente de cuidado para los demás aspirantes.
Si sigue así pondrá en aprietos al CEN tricolor, a Los Pinos, a la hora de decidir. Se iría a la oposición sólo que si no fuera él el elegido tampoco lo fuera su “sobrino” Pepe. Y ya corre el cuarto año de la actual administración.